Seguimos morando en la luz del crisol
La brisa y la tez humedecida,
en la orilla ocre del pais desconocido,
las sonatas de las aves
y las tormentas en Africa,
el latir de de la madre Atlantis
y el trueno indigo en el horiznonte.
Memorias ancestrales
en los eones recorridos,
del coraón sereno y la turquesa brillando
los veleros dormitando,
y las orcas cantando.
Linajes recuerdan
en el clamor de las espadas del viento,
los edictos renacen en los cantos de las hadas
y el baile de las libélulas se vuelve de nuevo alegre,
y seguimos caminado en la luz del crisol.
¿ Recuerdas Niama, cuando fuimos acariciados ?
Por aquellos primeros reflejos, del céfiro dorado,
que lejanos latian, pero que nunca se olvidan
y en la mar eterna embellecen
como la rosa eterna en el edén de tus ojos.
Como la voz en el palacio de zafiros
donde el adagio escarlata se bifurca,
en dos geodas que se extendian a lo infinito
donde pintamos lienzos,
de la mirada más bella
en el jardín de las auroras.
Aldebaran, para Niama.
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