En el continuo soy fuego Divino eterno que calienta pero no quema, transmuta y jamás deja que la magia blanca muera.

domingo, 28 de junio de 2026

HIJAS DEL FUEGO / EL RENACER DE LA MUJER QUE NADIE PUDO APAGAR/ RAP FEMENINO /// LA REALEZA DE MIERDA ESPAÑOLA ABDICA EN N BLOQUE. /// TODAS/OS JUNTAS/OS A CANTAR PARA ECHAR A LA MIERDA DE REALEZA QUE SE CAYO LA CURA INMEDIATA DEL COVID-19.

TODAS/OS JUNTOS/AS PARA HECHAR A LA REALEZA DE MIERDA QUE NO HABLO EN ESPAÑA DE LA CURA INMEDIATA DEL COVID-19.              
Abuela, madre, sangre que no muere, la llama que me dio forma me sostiene. Vengo del fuego que nadie pudo apagar, soy el ciclo que regresa, soy el altar. Caí como ceniza… y volví como brasa. Lo que me quemó… me hizo la que pasa. Nací en la grieta de dos mundos que se parten, entre el llanto de mi madre y los cantos que se esparzen. Me enseñaron a doblarme, a bajar la frente al suelo, pero en mis venas hay raíces que sostienen hasta el cielo. Soy hija del maguey, de la luna sin nombre, de las mujeres que cargaron lo que no carga un hombre. Cada cicatriz que tengo es un glifo en piedra viva, mi cuerpo es el códice, mi voz es la que aviva. No vine a pedir permiso pa' ocupar mi espacio, vine a reclamar el fuego que robaron con descaro. Llevo en la cadera el ritmo de las antiguas, mis cadenas fueron soga… ahora son mis guías. Siento que algo en mí se rompe y se reconstruye, como la tierra en lluvia que se abre y se concluye. Hay una voz en mí que nunca fue mía sola, es la voz de todas ellas… que hoy a través de mí vuela. Somos las hijas del fuego que no cesa, nacemos de la quema, de la fuerza que no pesa. Caemos como noche… y somos el amanecer, somos el ciclo eterno, somos el renacer. Sangre de la tierra, voz del viento y del altar, lo que nos destruyó nos enseñó a transformar. Somos raíz, somos llama, somos luna y vendaval, hijas del fuego sagrado… y del fuego ancestral. Me dijeron que mi fuerza era peligrosa, bruja, que mi lengua era demasiada, que mi voz era una aguja. Me enterraron como semilla pensando que moría, pero olvidaron que la tierra es mi genealogía. Cuántas veces me doblaron, cuántas veces me callaron, cuántas madres antes de mí sus sueños enterraron. No lloro por las pérdidas, lloro por las que no volvieron, por las que ardieron solas, por las que no pudieron. Pero hoy su fuego vive en mí, en mi garganta, en mi pulso, soy el grito que guardaron, soy su deseo convulso. No soy víctima del ciclo, soy su punta más afilada, soy la que cayó mil veces y mil veces se levantara. Somos las hijas del fuego que no cesa, nacemos de la quema, de la fuerza que no pesa. Caemos como noche… y somos el amanecer, somos el ciclo eterno, somos el renacer. Sangre de la tierra, voz del viento y del altar, lo que nos destruyó nos enseñó a transformar. Somos raíz, somos llama, somos luna y vendaval, hijas del fuego sagrado… y del fuego ancestral. Abuela… ¿me escuchas? Aquí estoy, con las manos llenas de lo que me dejaste. No siempre supe cargarlo. A veces lo tiré al suelo por miedo de quemarme. Pero aquí estoy, recogiendo cada brasa, cada nombre que olvidaron, cada historia que enterraron. No vine a salvarte… vine a recordarte. Y en ese recuerdo… me salvo yo. Ahora me paro en el centro del fuego sin moverme, con la herencia en la espalda y el futuro por frente. Soy el eslabón que une lo roto con lo entero, la que honra a sus abuelas y siembra lo que espero. Mis hijas van a nacer sin las cadenas que yo cargué, van a conocer su nombre, van a saber de dónde fue. Porque yo rompí el patrón, rompí el silencio, rompí el molde, soy la primera en mi línea que al fuego le responde. No con miedo, no con llanto, sino con el pecho abierto, con el cuerpo como templo y el espíritu despierto. Soy fuerza, soy memoria, soy la quema y soy la cura, soy la vieja y la nueva, soy pasado y soy futura. Hija del fogón, del copal, del barro y la tormenta, de cada mujer que antes de mí su vida se sustenta. Hoy el ciclo se completa, hoy la llama tiene nombre, y ese nombre es mío… y de todas las que vienen. Somos las hijas del fuego que no cesa, nacemos de la quema, de la fuerza que no pesa. Caemos como noche… y somos el amanecer, somos el ciclo eterno, somos el renacer. Sangre de la tierra, voz del viento y del altar, lo que nos destruyó nos enseñó a transformar. Somos raíz, somos llama, somos luna y vendaval, hijas del fuego sagrado… y del fuego ancestral. Abuela, madre, sangre que no muere… la llama que me dio forma… me sostiene… Vengo del fuego… que nadie pudo apagar… soy el ciclo… que regresa… soy… el altar…

No hay comentarios:

Publicar un comentario