En el continuo soy fuego Divino eterno que calienta pero no quema, transmuta y jamás deja que la magia blanca muera.

sábado, 4 de abril de 2026

La espada estelar de Kairos en mi mano hacedora de sueños

La conciencia baila, en la ciudad eterna cristalina de mi crisol los fractales de mi alma entrelazados en el eterno latido cósmico, con lazos infranqueables e inmutables con réquiem, adagios y canticos celestiales, llevados por la marea invisible de la antimateria a los puertos lejanos de las pléyades, Andrómeda, Sirio, Lyra, Acturus, y tantos océanos de paz imperturbables. Coma la hoja que se abandona a la brisa ignorando donde se posará, con el velo de olvido alumbre en esta bella Tierra en el silencio, en el ocaso de muchos sueños rotos, en muerte y tras muerte de una consciencia que no se rendía rebelde con causa, la de la llama eterna que florecía cuando yacía entre espinas negras. Espíritus puros limpiaban mis lágrimas y bellos amaneceres me regalaban en aquellas bellas noches oscuras del alma, donde era acariciado y sanado mientras la pluma bailaba en mi dedos como lirios al viento de primavera, renaciendo con vigor en cada verso hasta el alba, donde el céfiro dorado basaba mi mi mirada, mientras me daban alas los elementales de la tierra y los mares del amor cubrían mi entretela moribunda. ! Las cachinas ¡ en la morada de las antiguas leyendas Hopi y las sonrisas en las tribus de Norte América, el cóndor y el águila calva volando juntas en la danza de los velos rotos durante el declive del nudo de Kronos y la llegada del nuevo Sol. ¡ Camino ahora en la bahía de las gemas blancas ! Donde Thorgebal, en su pedestal inexpugnable y su sietes torres blancas como faros en la tormenta mas negra, erguida, como manantial de luz atemporal y eterno luciendo ante todo huracán atemorizado. La gaviota risueña me ensorta a que haga sonar mi zaviula, para convocar a la eterna madre cósmica que desvanece el mal en la mente dormida, de los caminantes esclavos. Yo soy y seré eternamente, la puerta que nada ni nadie puede cerrar el pilar consciente Divino, en servicio eterno a la luz del Gran Espíritu la antorcha de los tiempos, el guardián de la verdad y el tridente inexorable e insondable de amor, bondad y pureza.     

 Por Shama Enay Adebaran.





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