El océano
Soy el oceáno
donde mi templo
en mi crisol,
y la orilla calma
acaricia mi ancla,
a la Pachama.
Inhalo vida
exalo amor,
en el venir
de las las hueste de Luzbel,
majestuosas
sus hermosas dávidas
que en mi entretela florecen.
El sonido sagrado
de las trompetas de la victoria,
en las pequeñas voluntades
de los seres humanos,
el céfiro dorado
ungiéndome
en la constate rivera.
La leyenda sagrada
grabada en espejos,
y la espada azul zafiro blandida
por mi crisol encendido
devorando el ego del demiurgo
y de las potestades negras.
Belleza y sonata en las animas
exaltadas y liberadas
de los reinos lúgubres
y las antorchas encendías
sembrando el sendero a la Gran Madre,
serafines escoltando.
a los fractales de la Santa Esmeralda.
Por Aldebaran
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