EL GESTAR DE LAS OLIVAS DE LA VIDA
Literaturas muertas en el estrecho de la villa blanca,
amatista que descansa, sobre el portal de lágrimas de ángel
buscando la brisa tejedora del alfombras doradas
en un tapiz torneado con el llanto de un colibrí enjaulado.
¡Tras el aroma del sándalo perfumando sus alas!
Brizna del ajuar revistiendo su plumaje,
deslizándose sobre la marea de sedas, partiendo hacia el olvido.
¡Sobre un puente de hojas serenas en las aguas!
Otorgando el primer beso al secreto que aguarda la llegada,
del hada que desuda el alma.
Sonríe la pluma en su sueño de cristales trasmutados
en verso y anémonas celestes, de laberintos etéreos y claros de luna.
en nébulas de cuarzo transparente.
¡Y en olivas del aceite de la vida!
¡Emerge el diluvio de la libélula revoltosa!
En el lago rodeado de álamos nobles,
surgiendo olas sedadas por el cupido
donde va grabando sus decretos,
en la hermosa herida que nunca muere.
Aldebaran